domingo, 24 de marzo de 2013

Vivir con la PNL

 
“No hay que saber PNL, sino ser PNL”
Por Inma Capo

A finales de los años '70, Richard Bandler y John Grinder, aportaron al mundo el resultado de sus muchos años de investigación en el campo de la psicología humanista: la Programación Neurolingüística, PNL para los iniciados.
Desde entonces, desde aquellos "años locos" en los que, junto con Robert Dilts, Judith Delozier y otros amigos buscaban darle un nombre más corto sin conseguirlo, la PNL se ha extendido por sí sola, desde USA (Univ. de Santa Cruz, California) a todo el planeta, llegando a los más lejanos países y ámbitos más diversos: todos aquellos en los que hay seres humanos en acción.

Ellos fueron los primeros sorprendidos. Como reguero de pólvora, su opera prima, la PNL, se les escapó de las manos para llegar a las de millones de personas, necesitadas y ansiosas de ayuda rápida y eficaz, comprensión y autorrealización. No podía ser de otro modo.

El conocimiento práctico del cerebro humano, de las estrategias mentales que configuran el pensamiento, el manejo y actualización de nuestras experiencias y archivos, el cambio inmediato de patrones de conducta, eliminación de fobias en pocos minutos, la definición de la estructura del cambio personal, las técnicas para identificación de objetivos y consecución de metas, y las inigualables herramientas de comunicación interpersonal se demostraron tan poderosas que, de forma inmediata, fueron adoptadas en los campos de la psicología, educación, crecimiento personal, comunicación y empresa.
En USA, la PNL ya es obligatoria en muchas escuelas; en Argentina ya se exige en el curriculum profesional; en Colombia, la Universidad San Martin ya está organizada, tanto internamente como en los programas de estudio, siguiendo las pautas de la PNL. En Europa, las empresas buscan expertos en PNL y forman a su personal en esta ciencia, y un buen “Coach” necesita dominar el arte y la ciencia de la PNL para poder ejercer su profesión con efectividad.

Preguntémonos por qué muchas personas consiguen grandes logros y resultados brillantes, allí donde muchas otras, quizá la mayoría, fracasan estrepitosamente o no destacan lo más mínimo. Y, ¿cómo puede ser esto, si la máquina para obtener cualquiera de esos resultados es la misma: el cerebro humano?
Para responder a estas preguntas, todos los estudiosos que hemos continuado configurando el mundo de la PNL, hemos ido desarrollando nuevos patrones y modelos de aprendizaje basados en el "Modelado de Excelencia", concepto que estriba en ser capaces de identificar los programas inconscientes de personas consideradas excelentes en algún campo, y enseñarlos a otras personas para que los puedan aprender e integrar en su programación, generando con ello nuevos comportamientos más acordes con los resultados a conseguir.
La diferencia está en cómo cada persona utiliza su cerebro y su mente.
Cuando Bandler y Grinder estudiaron a Virginia Satir, Milton Erickson y Fritz Perls, -geniales y destacados terapeutas de la época-, lo primero que descubrieron era que tenían una forma distinta de comunicarse consigo mismos y por ello eran capaces de comunicarse de forma diferente con sus pacientes, logrando así el éxito donde tantos otros fracasaban. Lo que cambiaba no eran sus conocimientos, sino la forma en que ellos los usaban.

Los distintos esquemas de pensamiento y sistema de creencias, es decir, los programas desde los cuales, mediante nuestro constante diálogo interno nos damos (consciente o inconscientemente) las órdenes de funcionamiento para vivir marcan la diferencia. Así de sencillo y complejo a la vez, ya que nuestra programación nace en la infancia y lleva implícita la huella psíquica de nuestras experiencias, de nuestras sensaciones y aprendizajes en etapas en las que cerebro y mente estaban indefensos y vulnerables ante la entrada de datos y estímulos externos. Sin embargo, nuestras creencias son gratuitas, así que podemos elegir las que queramos tener y borrar las que no nos sirvan. La PNL sabe cómo hacerlo. Al cerebro le da igual. Pero ¿y a nuestro "ego"?

La programación es muy simple. Tomemos el binomio (X = Y), donde X es el estímulo externo e Y la etiqueta o significado. Si nos han dicho que algo es "peligroso", la etiqueta de "peligro" generará miedo o precaución, nuestro cuerpo entrará automáticamente en tensión, se paralizará o huirá. Ante el mismo estímulo, otros tendrán una etiqueta de "desafío" o "aventura" que generará una respuesta fisiológica totalmente distinta, que en este caso les atraerá y les lanzará a la acción. El precio de las etiquetas es el mismo. El resultado no.

No es lo mismo ver el vaso medio lleno que medio vacío ¿cierto? Lo mejor del caso es que al vaso le da lo mismo cómo elijamos verlo: va a estar ahí de todos modos, tanto si queremos como si no. La PNL enseña cómo reconocer ese programa que no funciona, que todavía no es lo excelente que deseamos y cuyo resultado perseguimos. Y descubriremos al mismo tiempo si hay alguna creencia por ahí haciéndonos sabotaje, del tipo "yo no merezco ser excelente", o "no soy capaz", o "la vida es sufrimiento", porque a no ser que se cambien esas instrucciones, los resultados nunca cambiarán.
"Tanto si crees que puedes como sino, tienes toda la razón del mundo".

La buena noticia es que nosotros nacimos sin programación. No es nuestra, es heredada. Podemos devolverla, borrarla, cambiarla, quitarle los virus que contenga, reprogramarla, mejorarla o incluso olvidarla y ponernos otra diferente. Al cerebro le da lo mismo: no nos conoce. Sólo nos obedece.
Tomado de: http://www.midesarrollopersonal.com/vivir-con-la-pnl.html


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