sábado, 7 de abril de 2012

Guillermo Marconi




Guillermo Marconi, hijo de José Marconi y de Ana Jameson, nació en Bolonia el 25 de Abril de 1874. La madre, de nacinalidad irlandesa, le enseñó desde pequeño la lengua inglesa, que tan útil le resultaría después en sus frecuentes viajes a Inglaterra.
Para huir del crudo invierno de Bolonia, el niño fue llevado primero a Liorna y luego a Florencia, donde acudió a las escuelas elementales. Pasó después al Instituto técnico de Liorna, y allí comenzó a apasionarse por el estudio de la fisica y de la química.
El joven Marconi esquivaba a los muchachos de su edad, no por presunción, sino porque no estaban en condiciones de comprender la utilidad de sus experimentos. Se hizo amigo de un anciano telegrafista ciego, que tenía un pequeño aparato Morse con el cual aprendió a telegrafiar. La madre de Marconi pronto se dio cuenta de esta pasión y, para ayudarle,encomendó a un profesor de física que perfeccionara su preparación. Pero pronto Marconi no quiso saber más de profesores, que solo podían explicarle lo que estaba escrito en los libros: para inventar alguna cosa nueva debía intentarlo solo; e, improvisándose carpintero, herrero y electricista, contruía aparatos, los destruía, los volvía a hacer, perfeccionándolos, e intentaba siempre nuevos experimentos.

El Telégrafo inalámbrico.
Los primeros experimentos no tenían todavía un fin determinado: le sirvieron solo para profundizar sus conocimientos en el campo de la física. Pero pronto intuyó la meta de sus estudios y afanes: lograr que los hombres se comunicaran entre sí a larga distancia, sin ayuda de hilos. Era aquél, para el mundo, un período de admirables conquistas en el terreno de la electricidad. El alemán Hertz, en el año 1887, había descubierto la posibilidad de producir y de recibir ondas electromagnéticas, que se difundían en el aire a la velocidad de la luz (300.000 kms/seg. aprox.) ; Marconi entrevió que era factible explotarlas como vehículo para la transmisión de señales, que podrían propagarse en forma instantánea a través del éter.
Vuelta a la zona de Bolonia, a Pontecchio, la familia Marconi fue a vivir en "Villa Grifone". En la buhardilla, el joven construyó un laboratorio; acumuladores, hilos, timbres e hilos de cobre se esparcieron por toda la habitación. Fue allí donde, en la primavera del año 1895, contando Marconi apenas 21 años, nació la telegrafía sin hilos: con la ayuda de dos aparatos, una señal (los tres puntos de la letra S) pudo ser transmitida a la distancia de algunos centenares de metros a través del espacio. La primera etapa había sido alcanzada. Poco después, con el sistema antena-tierra, todavía utilizado, consiguió transmitir señales a distancia cada vez mayores. Le pareció entonces que había llegado el momento de revelar al mundo su invento y lo sometió a exámen del gobierno italiano. Pero fue precisamente en su patria donde el joven científico sufrió su primera desilusión: su descubrimiento fue menospreciado, porque no se tenía confianza en sus resultados. Afortunadamente, Marconi no se descorazonó; con la ayuda de su madre y de amigos ingleses, se dirigió a Inglaterra, donde consiguió obtener la financiación para perfeccionar los aparatos creando la Wireless Telegraph and Signal Company Ltd., en 1897, en Londres. Allá obtuvo la primera patente de telegrafía sin hilos en 1896.Sus viajes a Gran Bretaña se hicieron frecuentes y sus estadas se prolongaron. En una de éstas, en el año 1905, contrajo matrimonio con una inglesa, Beatriz O' Brien, de la que tuvo tres hijos: Digna, Julio y Joya. En 1897 volvió a Italia, invitado por el ministro de Marina, que había advertido los progresos de la radiotelegrafía, y se le encomendó instalar una estación transmisora, en el arsenal de La Spezia, unida a un acorazado que hacía ejercicios mar adentro. En 1903 Marconi se dirigió a América del Norte en la nave "Lucania", y se mantuvo siempre en contacto con Italia. Con las noticias que le llegaban, se imprimió, por primera vez, el "Diario de a bordo"; las copias se vendían entre los pasajeros. Los Perfeccionamientos. Hasta entonces, las comunicaciones se transmitían a través de señales del alfabeto Morse (puntos y rayas). En 1914, un invento realizado algunos años antes por el científico inglés Fleming, permitió a Marconi efectuar un importante perfeccionamiento: se trataba de la válvula electrónica. Con ella fue posible recibir y transmitir no sólo las señales Morse, sino también sonidos y palabras: de la radiotelegrafía se había llegado a la radiotelefonía. Por desgracia, poco antes Marconi había perdido un ojo en un accidente. A pesar de ello, su actividad continuó incansablemente. En febrero de 1919, adquirió un yate, el "Electra", al que se le llamó "el barco de los milagros", por los innumerables experimentos que realizó. Uno de ellos se hizo famoso: a bordo de la nave, anclada en Génova, habló a los electrotécnicos australianos reunidos en un congreso en Sydney; al terminar su discurso, asombró al mundo encendiendo, con aparatos especiales, 3.000 lámparas de la Municipalidad de Sydney, a 17.000 km. de distancia. Marconi también fue pionero en pruebas con ondas cortas y microondas.

Honores y Recompensa
Los reconocimientos no le faltaron a Marconi: fue nombrado senador, académico de Italia, miembro del consejo nacional de investigaciones. Tuvo quince doctorados "honoris causa" de universidades de todas partes del mundo, medallas de oro de asociaciones científicas, títulos nobiliarios; en el año 1909 obtuvo el Premio Nobel de física compartido con Karl Ferdinand Braun, de Alemania, quien había inventado un tubo que mejoraba la transmisión inalámbrica. El Rey Jorge V de Inglaterra le concedió el título honorario de Caballero de la Gran Cruz de la Orden Victoriana Real en 1914. Marconi también recibió la medalla John Fritz, el premio más prestigioso en la ingeniería norteamericana. Murió en Roma el 20 de Julio de 1937, fue sepultado en la cartuja de Bolonia.

Una Anécdota.
Guillermo Marconi era conocido como hombre de carácter reservado, poco dado a confidencias con extraños y a servir de pábulo a la curiosidad de los hombres. Se cuenta que un día entró en un restaurante de Londres; el propietario deseaba un autógrafo del físico para exponerlo en el local, pero le faltaba coraje para pedirlo. De repente tuvo una idea : en la "lista del día" que ofreció al científico, agregó, a los demás platos que en ella figuraban, "chauchas a la Marconi". Es de imaginar el asombro del ilustre sabio cuando vió la novedad. Más bien irritado por la publicidad dada a su nombre, pidió explicaciones; y pudo así enterarse de que se trataba de . . . chauchas sin hilos. No pudo contener la sonrisa y el dueño del local tuvo el autógrafo que deseaba. Por otra parte las "chauchas a la Marconi" se volvieron un plato famoso.

FUENTE: Enciclopédia Estudiantil
(EDITORIAL CODEX) Buenos Aires, Argentina.
Recopilación: Revista El Túnel del Tiempo.

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