viernes, 8 de diciembre de 2017

5 rasgos de las personas emocionalmente inmaduras

Por. Edith Sánchez
Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".
Las cuestiones de madurez e inmadurez tienen mucho de mito. Las personas no admiten que se les instale en una sola casilla, ni que se les adjudiquen una única etiqueta. Cada uno de nosotros es un crisol en el que se entremezclan distintas formas de concienciaSomos ignorantes y sabios, niños y ancianos, infantiles y concienzudos. Todo al mismo tiempo, aunque dependiendo del momento alguna característica destaque más que el resto.
La inmadurez emocional podría definirse como una condición en la que las personas no han renunciado a los deseos o fantasías de la infancia. Deseos y fantasías que tienen que ver con que el mundo gire en torno a sí, o que la realidad se doblegue en función de lo que quieren. Así mismo, la madurez emocional podría definirse como un estado de fortaleza y templanza que conduce a actuaciones realistas y equilibradas.

“Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”
-Albert Einstein-
Más que por una definición en abstracto, la madurez o inmadurez se muestra a través de rasgos de comportamiento. Enseguida te hacemos una lista de cinco características que son propias de las personas emocionalmente inmaduras.

1. Las personas que son egocéntricas

Buena parte del proceso de maduración en las personas consiste en entender que el mundo no gira alrededor de ellas. El bebé no lo sabe. Por eso, pide comida a las 2 de la mañana y le tiene sin cuidado si esto afecta el sueño de sus padres. A medida que crece, aprende a reconocer que no siempre se obtiene todo lo que se desea, y que otras personas y sus necesidades también habitan el universo.
Madurar implica salir de la cárcel del yo. Significa perder esa ilusión que rodea la vida del bebé: basta con pedir para que una necesidad o un deseo sea satisfecho. Cuando poco a poco vamos renunciando a esa fantasía, también nos vamos haciendo conscientes de una hermosa posibilidad: la aventura de explorar el universo de los demás. Si todo sale bien, aprendemos a preservar el yo y a alcanzar el tú.

2. Dificultad para asumir compromisos

Una señal inequívoca de inmadurez en las personas es la dificultad para asumir compromisos. Al niño le cuesta renunciar a lo que quiere en ese momento para conseguir un objetivo mayor a largo plazo. Si le damos una golosina y le prometemos que si no se la come durante un tiempo le daremos otra, el deseo de comerse la que tiene en la mano se impondrá.
Con el proceso de maduración se va comprendiendo que los sacrificios y las restricciones son necesarios para alcanzar logros. Y que comprometerse con un objetivo, o con una persona, no es una limitación de la libertad, sino una condición para proyectarse mejor y a más largo plazo.

3. Tendencia a culpar a los demás

Los niños se asumen a sí mismos como seres dirigidos por otros, que no actúan a voluntad. En gran medida lo son, en tanto están en un proceso de formación y de inserción en la cultura. Mientras son pequeños, creen que el error debe llevar a la culpa. No les importa tanto el daño que hicieron, sino el castigo o la sanción que puedan imponerles.
Crecer es salir de ese estado de dulce irresponsabilidad. Madurar es ir entendiendo que somos los únicos responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer. Aprender a reconocer los errores y sacar de ellos nuevos aprendizajes. Saber reparar los daños. Saber pedir perdón.

4. Establecer lazos de dependencia

Para las personas inmaduras, los demás son un medio y no un fin en sí mismos. Así, como medios que son, en su óptica, los necesitan. No necesitan a los demás porque los quieren, sino que los quieren porque los necesitan. De ahí que suelan construir lazos en los que hay fuertes dependencias.
chica-con-pez
Para poder establecer vínculos basados en la libertad, se requiere que haya autonomía. Sin embargo, las personas inmaduras no tienen claro el concepto de autonomía. A veces piensan que hacer su voluntad es un comportamiento autónomo. Pero a la hora de asumir las consecuencias de los actos, necesitan de los demás para que amortigüen, oculten o aligeren la responsabilidad.

5. Irresponsabilidad en el manejo del dinero

La impulsividad es uno de los rasgos más salientes de las personas inmaduras. Una impulsividad que se expresa muchas veces en la forma que tienen de administrar sus recursos, como el dinero. Así, con el fin de satisfacer sus deseos, y satisfacerlos ya, no tienen problema en comprar lo que no necesitan con el dinero que no tienen.
A veces se embarcan en aventuras financieras descabelladas. No evalúan con objetividad las inversiones y les cuesta proyectarse a medio y largo plazo. Por eso es frecuente que vivan endeudados, todo por satisfacer caprichos.
Hombre con dinero en su camisa
Todos estos rasgos de inmadurez no surgen o se mantienen por decisión consciente de las personas. Casi siempre obedecen a vacíos o grietas durante la crianzaTambién pueden ser una consecuencia de experiencias desafortunadas que les han impedido evolucionar. Si eres así, o conoces a alguien así, no se trata de que le señales. En realidad lo importante es tomar conciencia de que impulsar tu propio crecimiento puede conducirte a una vida mejor.
Tomado de: https://lamenteesmaravillosa.com/5-rasgos-las-personas-emocionalmente-inmaduras/

martes, 26 de septiembre de 2017

Ya no tienes sexo... ¿mira lo que pasa en tu cuerpo?

Esto Es Lo Que Le Pasa A Tu Cuerpo Cuando Dejas De Tener Sexo… El Nº 3 Realmente Me Puso Los Pelos De Punta.

por Alimentacion con Salud
Sabías que cuando dejas de tener relaciones íntimas puede experimentar ciertos efectos en tu cuerpo. Por este motivo, hoy conocerás cuales son las causas que se manifiestan después que pasas largos periodos sin tener actividad sexual, cuando lo descubras quedarás impactado.
Además, cuando se tiene relaciones es mucho más beneficioso tanto para uno mismo como para el organismo, entonces, cuando no se tiene relaciones puedes perder esos beneficios. Así que mira los efectos en el organismo por falta de sexo, algunos te sorprenderán.
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1. Puedes enfermarte con más frecuencia:

Sin actividad sexual por mucho tiempo, tu sistema inmunológico se debilita significativamente. Además, te vuelves más inmune a las bacterias y es más fácil contraer gripes y resfriados.

2. Incrementan los niveles de estrés:

Con el sexo se reduce tus niveles de estrés, por eso, tener regularmente relaciones sexuales disminuye la cantidad de hormonas del estrés y te sentirás más relajado.

3. Excitarse se vuelve más difícil:

Aunque no lo creas cuando no se practica regularmente el sexo, es probable que excitarse sea más difícil. En los hombre se dan problemas de erección y en las mujeres alcanzar un orgasmo es difícil.

4. Cambian tus sueños:

Algunas personas pueden manifestar sueños extraños cuando se reprimen su sexualidad. Incluso puedes tener sueños eróticos o tener orgasmos mientras duermen.

5. Se pierde el apetito sexual:

Cuando tu cuerpo siente que estás pasando por un periodo de abstinencia sexual, la producción de las hormonas sexuales se reduce, es decir, que se disminuye el apetito sexual.

6. Se crea mayor distancia entre la pareja:

Si una pareja que viven juntos no comparten la cama, se puede producir una distancia interpersonal cada vez más grande. Aparte, que se experimentan sentimientos de inseguridad tanto hacia la pareja como el mirar otras personas que resulten atractivas.

7. Reduce la autoestima:

Cuando una persona no se siente deseada, baja la autoestima, ya que se ve afectado el bienestar y causa tristeza y muchas veces hasta depresión. Así que es mejor tener actividad sexual regularmente para combatir la depresión, siendo mucho más efectivo que un antidepresivo.

8. Incrementa el riesgo de cáncer:

En los hombres, el riesgo de cáncer de próstata se incrementa cuando no tiene relaciones por un largo periodo de tiempo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sociedad Fondo


Alloro la sociedad alegre ... que ahora es fondo
la sociedad limpia... que ahora es fondo
la sociedad solidaria.... que ahora es fondo.
Sociedad fantasma... espectro de lo que alguna vez fue una sociedad tricolor...
viva...ahora es fondo
Una sociedad llena de caras largas...
Una sociedad sin  esperanza...
Una sociedad indolente que voltea la cara ante la mendicidad...
Una sociedad que pare niños de la calle,
ancianidad en la calle...
Una sociedad que mata a su gente....
Una sociedad que no respeta a su gente...
Una sociedad oscura...triste, sin esperanza



viernes, 15 de septiembre de 2017

Eligiendo el camino de la responsabilidad

Núria Remus Conchillo
Fundadora y directora del
Centro de Terapia Gestalt Espaipertu
Eligiendo el camino de la responsabilidad


La inestabilidad psicológica es un signo visible en nuestro presente. Si eres observador podrás encontrar cerca de ti personas enfadadas con el mundo, con miedo, con ansiedad. Se ha disparado el consumo de ansiolíticos y antidepresivos a niveles elevadísimos. Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión será en el año 2020 la segunda causa de incapacidad laboral. Disculpadme pero no puedo evitar lanzar así, a bocajarro, una alarma social que me gustaría que incitara a una profunda reflexión: ¿Qué nos está pasando? ¿Hacia dónde nos empuja la sociedad, el sistema?.

En los últimos tiempos me he sentido privilegiada al recibir en consulta a personas de 70 años en busca de terapia, preguntándose qué han hecho con su vida. Una de las frases que más escucho es: "He vivido dormido/a". En el extremo, adolescentes de 18 años vienen solos al centro buscando respuestas internas. No deja de sorprenderme, estaba acostumbrada a unas edades entre los 25 y los 60 años más o menos. Para mí, este aumento en la franja de edad no deja de ser un termómetro del nivel de miedo y ansiedad que estamos viviendo.

La sociedad no deja de ser un espejo donde se refleja nuestra conducta y siento que el liderazgo real nos corresponde a los ciudadanos de a pie. Claudio Naranjo, ya hace tiempo que viene trabajando y gritando al sistema la necesidad de un cambio en la educación. Su libro “Cambiar la educación para cambiar el mundo" habla de ello. Todos somos conscientes a estas alturas. Como decía Confucio: "Un caballero se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus actos". Y yo me pregunto:
¿No deberíamos como adultos dar ejemplo a todos los niños que están creciendo en estos momentos ante una sociedad enfermiza?
¿No deberíamos trabajarnos nuestros problemas interiores, afrontar nuestros miedos y frustraciones y dejar de tomar "pastillitas" que anestesian nuestras mentes?
¿No deberíamos como padres y maestros trabajarnos para ponernos delante de los niños?.

El pasado día 20 de marzo, Gaspar Hernández estuvo en las conferencias de "El repte de ser persona avui" que se celebran en Granollers, y abrió el tema sobre la necesidad de un cambio en el sistema de la educación. Entre los presentes, destaco la intervención de un profesor, quien planteó cuál puede ser la educación de valores y competencias de un niño que durante años, la máxima que recibe es: “Calla y siéntate”. Me encantó la intervención, aunque no pude verle la cara, sus palabras resuenan dentro de mí con pasión y con enfado contra el sistema. A la vez, sé que en casa no estamos eximidos de obligaciones y que los máximos valores en la infancia se reciben dentro de las paredes familiares. Como madre y terapeuta, como persona que vive las consecuencias de la infancia diariamente en las horas de trabajo acompañando a tantos adultos, después de ver el dolor que produce la ceguera en el ser humano, me pregunto: ¿¿POR QUÉ?? ¿Por qué nos interesa más calmar nuestro dolor con una pastilla, que hace más rica a la industria farmacéutica y adormece nuestra consciencia?. ¿Por qué no se trabajan desde pequeño, en casa y en las escuelas, las emociones, las relaciones y sus consecuencias?. Siento que de pequeña me enseñaron mil cosas inútiles en la escuela y salí analfabeta emocional. Como no le preocupó ni a mi familia ni al sistema, ¿por qué nos extrañamos que el Yo no sea noticia y que a un elevado tanto por ciento de la sociedad no le interese el trabajo personal y siga con la cultura del tener, del éxito exterior, del aparentar, del esconder?.

Por favor, deja de ser tan diplomático y sé más sincero contigo mismo, ya que probablemente eres tu mayor gran desconocido. No nos enseñaron de pequeños a gestionar nuestras emociones. Si escoges la responsabilidad del camino interior probablemente va a doler, reconocerte en aspectos que no te gustan, reconocer tu ceguera, reconocer la neura social, PERO - y aquí sí me permito un pero, queridos compañeros gestaltistas- serás más libre: libre de las proyecciones, libre de introyectos y creencias que tanto nos duelen a todos para poder confiar en nuestras posibilidades, en nuestras habilidades y dones, en nuestros recursos. Mientras no hagamos un cambio interno personal no es justo exigir al otro. Quedarnos anclados en el papel de víctimas nos impide aprender, crecer y transformarnos. Para algunas personas es doloroso reconocer que son los responsables de sus propios sentimientos, así como de la forma en que están gestionando su propia vida. Por ello existen las resistencias y el miedo a mirar en su interior y buscan la evasión constante y el entretenimiento para llenar la ansiedad que produce el vacío interior.

Quién soy yo para juzgar si no me doy cuenta de mí misma. El otro día, una persona me comentó: "Esto que promueves es una fantasía, el ser humano es un comodón, no querrá despertar". Lo siento, quiero mantener vivo mi esfuerzo y la actitud de mirar hacia mí y reconocer, algunas veces con más facilidad que otras, mis propios errores. Y no tendré miedo de enseñar mis dos caras, para acompañar al otro a reconocer las suyas y vivir con más gratitud, felicidad y tranquilidad. La vida se construye día a día, y se construye despierto. Como decía Galileo Galilei: "La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo". No esperes a que un golpe fuerte te haga despertar, puedes hacerlo aquí y ahora.


Nuria Remus Conchillo. Publicado en Revista Vallès del S.XXI
Tomodo de: http://www.espaipertu.com/es/264/eligiendo-el-camino-de-la-responsabilidad.html

martes, 29 de agosto de 2017

domingo, 20 de agosto de 2017

Ezequiel Zamora... ¿Heroe o Villano ?

 “Pueblo que ignora su historia se extravía”.
Germán Carrera Damas:
Aviso a los historiadores críticos.
Caracas: Ediciones GE,1995,p.425

Son las 10:00am del  24 de enero de 1848. En la sede del Congreso de Venezuela en Caracas se desarrolla el  enjuiciamiento al presidente de la República José Tadeo Monagas   por hechos violatorios a la constitución # Se le acusaba de haber ejercido facultades extraordinarias ilegalmente, emplear la fuerza armada sin consentimiento del Consejo de Gobierno y de haber ejercido la administración de país forma corrupta. Esto trajo como resultado una fuerte diferencia  política entre el gobierno del presidente  José Tadeo Monagas, y sus opositores, liderados por el General Páez, Prócer de la Independencia y Ex Presidente de la republica.-

Mientras que se desarrollaba la sesión del congreso un grupo de turbas aliadas al gobierno están en la calle Intentando violentamente entrar al recinto del parlamento, lanzando piedras y gritando “muerte  a los godos –así llamaban a los opositores- y viva a los liberales”, como resultado son  repelidos por la guardia, iniciando un  enfrentamiento.
Durante este episodio de la historia llamado “Asalto al Congreso Nacional de 1848”, resultó herido el diputado maracayero  Santos Michelena, quien muere posteriormente por la herida, además son asesinados 3 diputados opositores al gobierno.
Monagas, alertado por los hechos en curso, se presenta a caballo acompañado por el general Santiago Mariño y sus fuerzas militares para restablecer el orden.
Después de los hechos el poder Legislativo y el Judicial pierden su independencia y se someten a la voluntad del presidente de la república, desde entonces sirvieron de instrumento complaciente al personalismo entronizado en el poder convirtiéndose en instituciones subordinadas a la voluntad del ejecutivo.
Este decisión del gobierno tuvo como  resultado:  un país que se levanta en protestas y  manifestaciones  en contra del presidente y su gobierno. Páez y un grupo de ciudadanos lideresa un levantamiento civil para retornar el orden constitucional.
Y, Zamora nuestro epónimo ¿dónde estaba en todo esto?
2 años antes de este evento,  en 1846 Ezequiel Zamora  estaba trabajando de manera honesta como pulpero en Villa de Cura, la puerta de los llanos venezolanos, entre sus labores propias de comerciante, atender a su  novia del campo, asistía a bautizos domingueros y las galleras. Se alternaba el tiempo leyendo el periódico El Venezolano, órgano vocero del partido de gobierno, el  “partido liberal”, y “el trabuco” un periódico algo más conspirador.
Con ánimos de prosperar – como todo hombre común y corriente- Zamora se convierte en unos de los personajes más  “acomodados” del lugar, con trabajadores en su negocio y hasta sirvientes.
Dice el historiador, Adolfo Rodríguez,  “Zamora se hacía seguir por “la gente sencilla e ignorante” a quienes les leía  los panfletos del partido de gobierno, asistía a las asambleas comunitarias, se juntaba con los enemigos políticos de Páez y su discurso era de revolución y asesinatos de los Godos, hacendados y blancos.”, pero su deseo más profundo era pertenecer a esa clase que más  lo despreciaba
Zamora se lanza a candidato local para ser elector ante los comicios presidenciales de 1846,  buscando liderazgo,  enamora a sus posibles votantes, hombres y mujeres humildes y campesinos, regalándoles comida y como un giro a su apariencia se deja el bigote que lo caracterizó he inmortalizó en los retratos que hoy conocemos, pero lamentablemente para él, es anulada su candidatura,….XXXX esto lo enardeció. La tensión en el país entre los bandos del gobierno y sus opositores estaba fuera de control, la economía desbastada y como es de costumbre la gente más humilde, los trabajadores, el pueblo,  son los que más sufren, Zamora airado por su derrota forzada y  ante tal estado de cosas, el 7 de septiembre de 1846 encabezó un levantamiento en la localidad de Guambra acá en el Estado Aragua; bajo la consigna de «tierra y hombres libres», inicia un  movimiento que reclamó el respeto al campesino, la justa distribución de la riqueza y la expulsión de los «godos» de los puestos de poder. Al mando de un ejército campesino, el caudillo comenzó a ser llamado «General del Pueblo Soberano», meses después fue capturado por el Gobierno y enjuiciado a muerte y luego es perdonada su vida por el presidente, otorgándole 10 años de prisión.
Dos años después volvemos a 1848, el presidente Monagas luego del grave incidente del asalto al Congreso que les relate al inicio de este disertación y estando en conocimiento que Zamora se había escapado de prisión,  ve en él una pieza clave para sus intenciones políticas,  es convocado y  enviado a Villa de Cura a organizar un batallón de milicias para aplastar los alzamientos civiles por el descontento de las decisiones del gobierno.  Como los hechos propios de las dinámicas históricas son casi acrobacias impredecibles, este joven comerciante quien era lo contrario al  típico combatiente venezolano del siglo XIX, participa en la proclamación de la “Federación”, que era una manera de designar una fórmula política cuyo contenido no lo entendían las  masas populares, pero como hoy sucede , ante al GRITO de revolución muchos lo siguen  sin entender cuál es el verdadero camino ni el destino final .
Teniendo las ideas políticas poco claras, porque era un hombre poco culto (apenas hizo estudios de primaria), pudiésemos asomar la idea de que Zamora arropaba un ideario socialista utópico que se puede resumir en las icónicas frases: “Tierras y hombres Libres”, “Elección Popular”  “Horror a la Oligarquía”“Mueran los ricos y los blancos”  además dicen los historiadores que “Sus compañeros de armas tenían el propósito de llegar hasta Caracas para “matar a todos los que supieran leer y escribir”.
Para que tengamos una idea de lo que vivieron los hacendados, blancos y letrados de la época: José María Ávila dueño de haciendas de Caracas el  3 de mayo de 1859 en medio de la guerra Federal dice: “Las cosas andan malísimas en esta desgraciada tierra, en un grado eminente. Ceferino está huyendo a Valencia hace tiempo con otros Hacendados, porque el cuchillo anda por esos lugares jugando garrote. Algunos propietarios han sido sacrificados, de manera que las haciendas están abandonados, y sabe Dios cual sea nuestra suerte si Dios no nos ve con misericordia”.
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Señala el Historiador Guillermo Morón – Miembro de número de la ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA DE VENEZUELA: “Zamora pasaba por un pueblo y lo incendiaba. Eso lo hizo en varias comunidades del estado Barinas”.
Nuestro personaje de hoy, el CAUDILLO LIBERAL EZEQUIEL ZAMORA nació el 1 de febrero de 1817 en Cua, Estado Miranda, era hijo de “Blancos de orilla”, el estrato social con mas resentimiento de la época colonial, ya que eran marginados por sus hermanos los blancos criollos  , no permitiéndoseles lograr sus sueños en unas tierras que para entonces eran de españoles. Ese sentimiento aun después de la independencia y de la muerte de Bolívar parecía que seguía igual . Señala el historidor Calzadilla Arreaza : Los Zamora pertenecieron a una clase subalterna heredada de la colonia denominada “blancos de orilla”, sin riquezas, ni sangre de abolengo, blancos pero plebeyos por tanto siempre fueron subestimados por los Godos, o amos del Valle, por confundirlos con los pardos.”
Después de su alzamiento 1846 y hasta 1859 el llamado "General del Pueblo Soberano"   libraría campañas contra los alzamientos que no dejaban de sucederse en todo el país y, de esta forma, alcanzaría rangos en la escala militar,  su más conocida batalla es la de Santa Inés en 1859.
 Señala el historiador Adolfo Rodríguez “Veinte días después de la victoria de Santa Inés una bala atravesó su cabeza y murió. En pleno curso de la Guerra Federal, durante las acciones preliminares para la toma de la plaza de San Carlos, el 10 de enero de 1860 recibe un balazo en la cabeza que le causó la muerte”
Y que paso con nuestro personaje?  ¿Quién Mato a Zamora?
La poca certeza que existe sobre este hecho permitió el surgimiento de teorías que buscaban darle un sentido al suceso, como es bien natural. Unos y otros intentaron basarse en la lógica y, más comúnmente, en las intenciones políticas que nutrían cada rumor. Unos dicen que fue un francotirador opositor y otros dicen que fue una conspiración de los líderes del partido de gobierno, lo cierto es que murió de una sola bala que llego a su cabeza. 
Como lo dijo el Escritor-Filosofo y Profesor de la Universidad de los Andes Perez Lopresti  “¿Trascendió la frase necrófila junto a su perfecta estética y su abominable ética? A veces pienso que esas voces de horror necesariamente tienden a volcarse contra quien las invoca.”, fin de la cita o diciendo de otra manera… Quien a hierro mata, hierro muere.
Quizás el Historiador y miembro de número de la Academia Nacional de Historia de Venezuela Elias Pino Iturrieta pueda ayudarnos a entender un poco más y generar nuestra propia teoría.
 El historiador dijo en el año  2009 que Zamora era un  “acomodado propietario”, que utilizó su poder para la corrupción y otros desmanes. Sigue  Pino Iturrieta. “Es verdad que Zamora dirigió un levantamiento campesino y propuso el reparto de las tierras al principio de su vida política. “Pero también es cierto que después olvidó las consignas libertarias para casarse bien casado –se casó con la hija del presidente Falcón- y tener haciendas, para pulirse en el seno de la mejor sociedad, para disfrutar del sudor de sus esclavos y para ser pilar de la dictadura de José Tadeo Monagas, una de las más lamentables  del siglo XIX.” Fin de la cita
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Si, Grito Igualdad, grito libertad, grito equidad pero al parecer su vida quedo atrapada como consecuencia de sus actos, en algunas de las muchas lecturas que hice de él, leí que al final de sus días, lo único que quería era descansar y disfrutar de su esposa y de sus propiedades… pero futuros bachilleres NO SE PUEDE PACTAR CON LA MUERTE Y QUEDAR ILESO DE SU RECLAMO POSTERIOR.
Cuando hace muchos años fui dirigente de Los Scouts de Venezuela, al llegar un joven como muchos de ustedes a mi TROPA yo les decía AQUÍ EN ESTE GRUPO el FUERTE PROTEGE AL DEBIL DE VERDAD VERDAD. Trate de practicar la consigna que yo mismo figurativamente gritaba, sin violar los privilegios de otros a no ser que fuera  por el desprendimiento voluntario.
Jóvenes COHERENCIA, CONGRUENCIA, es el mensaje de este día. Que nuestra vida sea lo más parecido a nuestro discurso. Si vamos a ser Amarillos, que nuestra vida sea amarilla, si vamos a ser azules o rojos, que nuestra vida sea cónsona con nuestros ideales.
Como se explica,  que levantemos la bandera del reparto equitativo de riquezas con una mano, y con la otra tengamos un rolex de 29000 $, o como podemos predicar por el mundo entero que en Venezuela no tenemos Crisis de alimentos y con la misma sentarnos en la mesa de uno de los restaurantes más costosos de EEUU.
Te invito a buscar la congruencia en tu vida, que lo que prediques sea lo que practiques, así serás transparente y la vida te devolverá lo que sembraste.
Una persona congruente es aquella que vive según sus valores. Lo contrario para mi es aquella persona que contradice con su acción su pensamiento.
Recuerda siempre, No es GRITAR LIBERTAD, E IGUALDAD, es GRITAR Y PRACTICARLA y más aún LUCHAR para que tu grito se escuche, sin vulnerar los derechos de los otros.
Recuerden muchachos: “Pueblo que ignora su historia se extravía”. Germán Carrera Damas, yo sigo aquí  orgulloso de ser fuente primaria de la Historia.

Muchas Gracias 

jueves, 10 de agosto de 2017

Fracaso del Comunismo


Los políticos cuando no consideran a la familia, el matrimonio, las creencias religiosas terminan fracasando en todos sus proyectos políticos en el sentido de aceptación popular. Son Instituciones que vienen de siglos, de generaciones y de su aceptación y reconocimiento a que existe un ser superior que rige el universo y han sobrevivido en nuestro planeta en constante evolución. Las virtudes cívicas, las disposiciones para el trabajo de este capital humano en su libre albedrío de intercambios sociales en sus lugares de reposo, de actividades físicas, como el trabajo, el deporte y el disfrutar de los recursos que la misma tierra les da, son difíciles de romper. Esta premisa teórica, es la clave del éxito en cualquier sociedad. La Unión Soviética se desplomo y con ello fueron cayendo muchos otros países que creyeron que el estado podría desarrollar riqueza, bienestar y desarrollo a sus respectivos países.

FRACASO DEL COMUNISMO

1. El colectivismo y la represión al ego
El más evidente de esos elementos contrarios a la naturaleza humana era la imposición violenta de diversas expresiones del colectivismo que negaban o reprimían la pulsión egoísta radicada en la psiquis de las personas sanas. El totalitarismo convertía el reclamo de prestigio y distinción personal ?uno de los grandes motores de la acción humana? en una suerte de conducta antisocial castigada por las leyes y estigmatizada por la moral oficial, olvidando que las personas necesitan fortalecer su autoestima mediante el reconocimiento social basado en la singularidad de sus logros. Naturalmente, esa represión al egoísmo y a la búsqueda de reconocimientos iba acompañada por grotescas formas sustitutas del éxito, como las distinciones oficiales a los “héroes del trabajo” dentro de la tradición stajanovista , pero la artificialidad de este sistema de premios, generalmente entregados en ceremonias ridículas, inevitablemente vinculados a la docilidad bovina de los elegidos, acababa por perder cualquier tipo de prestigio social, vaciándolo totalmente de contenido emocional.

2. El altruismo universal abstracto contra el altruismo selectivo espontáneo
El colectivismo exhibía, además, otra faceta inmensamente negativa: decretaba la obligatoriedad de una especie de altruismo universal abstracto, los obreros, la humanidad, el campo socialista, mientras combatía el altruismo selectivo espontáneo, dirigido al círculo de las relaciones más íntimas, que es, realmente, el que moviliza los esfuerzos de los seres humanos: al desaparecer la propiedad privada ya no era posible dotar a los hijos de elementos materiales que garantizaran su bienestar. Ese fuerte instinto de protección que lleva a padres y madres, especialmente a las madres a sacrificarse por sus descendientes y a posponer las gratificaciones personales en aras de sus seres queridos, quedaba prácticamente anulado por la imposibilidad material de transmitirles bienes. Era, pues, un sistema que inhibía y penalizaba dos de las actitudes y comportamientos que más influyen en la voluntad de trabajar y en la consecuente creación de riquezas: la búsqueda del triunfo personal y la protección y el mejoramiento de la familia. ¿Cómo asombrarse, pues, de los raquíticos resultados materiales del totalitarismo comunista cuando el sistema, generalmente impuesto por la violencia, suprimía las motivaciones más enérgicas que tienen las personas para trabajar con ahínco?
La hoz y el martillo, símbolos del comunismo adoptados por los partidos marxistas-leninistas a partir de la Tercera Internacional, tal como aparecían en la bandera de la Unión Soviética

3. La desaparición de los estímulos materiales como recompensa a los esfuerzos
Pero ni siquiera ahí terminaban los refuerzos negativos que debilitaban la voluntad de trabajar en las personas comunes y corrientes: el marxismo proponía como meta la lejana obtención de un paraíso siempre situado en la inalcanzable línea del horizonte. El sistema exigía el sacrificio constante en beneficio de generaciones futuras, privando a los trabajadores de una recompensa efectiva e inmediata conseguida como resultado de sus desvelos, ignorando que, si algo se sabe con toda certeza en el terreno de las motivaciones, es que existe una relación directa entre el nivel de esfuerzo y la inmediatez de la recompensa obtenida: mientras mayor sea y más próxima se encuentre la recompensa, más intenso será el esfuerzo por obtenerla. ¿Cuánto tiempo y cuántas generaciones de trabajadores podían realmente defender con entusiasmo un sistema que les negaba o aplazaba sine die una legítima compensación por sus desvelos?

4. La falsa solidaridad colectiva y el debilitamiento del “bien común”
Como consecuencia del colectivismo y de la desaparición de estímulos materiales asociados al esfuerzo personal, en todos los Estados Comunistas se producía, además, un paradójico fenómeno que Marx no supo prever: la solidaridad colectiva, lejos de fortalecerse con el comunismo, fue desvaneciéndose hasta hacerse imperceptible. Nadie cuidaba los bienes públicos. La verdad oficial era que todo era de todos. La verdad real era que nada era de nadie, y, en consecuencia, a nadie le importaba robarle al Estado, dilapidar las instalaciones colectivas, o abusar sin contemplaciones de los servicios ofrecidos, actitud que generaba una letal combinación entre el despilfarro y la escasez propia del sistema. En los Estados comunistas la obsolescencia de los equipos era asombrosa: los tractores, vehículos de transporte o cualquier maquinaria que se entregaba a los trabajadores tenían una vida útil asombrosamente breve, acortada aún más por la permanente falta de piezas de repuesto, típica de las economías centralmente planificadas. Nadie cuidaba nada porque las personas no conseguían asumir mentalmente la idea del “bien común”. Lo que era del Estado, un ente opresor remoto e incómodo, no les pertenecía a ellas y no había razón para protegerlo. Esto se veía con claridad en el entorno urbano característico de las ciudades regidas por el socialismo, siempre sucio, despintado, mal iluminado, con edificios en ruinas. A un país como Alemania del Este, la más próspera de las naciones comunistas, las cuatro décadas que duró el comunismo no le alcanzaron siquiera para recoger todos los escombros de la Segunda Guerra mundial. En La Habana, destruida por la incuria sin límite del castrismo, mientras los automóviles oficiales al servicio de la nomenklatura apenas duraban dos o tres años, los viejos coches de los años cuarenta y cincuenta, todavía en manos de particulares, se mantenían circulando heroicamente. La diferencia entre el destino de unos y otros era una forma silenciosa, pero efectiva, de demostrar la ineficiencia sin paliativos del socialismo y el inmenso costo material que esa característica le imponía a la sociedad.

5. La ruptura de los lazos familiares
Por otra parte, el colectivismo y la imposibilidad de colaborar con el bienestar de la familia no parecían ser un producto fortuito de la desaparición de la propiedad privada, sino una consecuencia conscientemente buscada por la dictadura totalitaria en su afán por romper los lazos familiares con el objetivo de forjar hombres y mujeres que no estuvieran sujetos a la moral tradicional. De ahí las comunas chinas, las escuelas en el campo cubanas o el rechazo brutal camboyano a la vida urbana durante la tiranía de Pol Pot: se trataba de romper bruscamente los vínculos de sangre para crear una hermandad fundada en la ideología, donde la fuente única para la transmisión de los valores fuera el omnisapiente Partido. Por eso en todos los gobiernos comunistas se cantaban las glorias de los niños que vencían los prejuicios de la lealtad burguesa y eran capaces de delatar a la policía política a sus padres o hermanos cuando estos violaban las normas de la doctrina. Ni siquiera se podía amar a quien no exhibiera las señas de identidad comunistas o, más genéricamente, “revolucionarias”. En Cuba, por ejemplo, desde los años sesenta el castrismo decretó el fin de cualquier contacto con familiares “desafectos” o exiliados, y centenares de miles de familias interrumpieron sus vínculos tajantemente. Hijos, padres y hermanos, divididos por la militancia política por órdenes implacables del Estado, dejaron de hablarse o escribirse. En los expedientes policíacos, en las planillas de admisión a los centros de estudio y en las empresas se inscribía el dato peligroso: “el acusado mantiene relaciones con familiares que viven en el exterior”. Otras veces la advertencia giraba en torno al círculo de amigos: “el acusado mantiene relaciones con contrarrevolucionarios conocidos”. Mas esa brutal manipulación de las zonas afectivas de las personas tenía un alto costo emocional: las personas, obligadas por el miedo, obedecían al Estado, y renunciaban a los lazos familiares o amistosos comprometedores, pero secretamente se distanciaban aún más del Estado que las obligaba a esa abyecta mutilación de sus querencias.

6. Las instituciones estabularias
Consecuentemente, el totalitarismo negaba y reprimía cualquier forma de organización que no estuviera sujeta al control y escrutinio de la cúpula gobernante. La sociedad no podía espontáneamente generar instituciones para defender ideales o intereses legítimos. La participación estaba limitada a los pocos cauces creados por la cúpula: el Partido, las organizaciones de masas, los parlamentos unánimes, los sindicatos amaestrados, y en ninguna de esas instituciones oficiales las personas se veían realmente representadas. De forma contraria a la tradición histórica, el comunismo era un sistema conscientemente dedicado a desatar lazos y a disgregar las estructuras espontáneas y naturales de vinculación generadas por la sociedad, sustituyéndolas por correas de transmisión de una autoridad arbitraria y represiva, disfrazadas de cauces artificiales de participación, aun cuando eran, en realidad, verdaderos establos en los que “encerraban” a los ciudadanos para lograr su obediencia. ¿Resultado de esa cruel estabulación de las personas? Un creciente sentimiento de enajenación en el conjunto de la población, incapaz de sentirse representada y mucho menos defendida por un sector público percibido como extraño y ajeno.

7. Del ciudadano indefenso a ciudadano parásito
Sin embargo, el pecado comunista de someter a la obediencia a los ciudadanos mediante la coacción, y de cortarles las alas para que no pudieran pensar, organizarse, ni crear riquezas por cuenta propia, traía implícita su propia penitencia: convertía a las personas en unos improductivos parásitos que esperaban del Estado los bienes y servicios que éste no podía proporcionarles, precisamente por las limitaciones que le había impuesto a la sociedad. Ese ciudadano indefenso se convertía entonces en un consumidor permanentemente insatisfecho, constantemente obligado a violar las injustas reglas a que era sometido mediante el robo y el mercado negro, debilitando con ello las normas éticas que deben presidir cualquier organización social justa y razonable.

8. El miedo como elemento de coacción y la mentira como su consecuencia
En todo caso, ¿cómo lograban los comunistas ese grado de control social? Lo conseguían por medio de una desagradable sensación física omnipresente en las sociedades dominadas por el totalitarismo: mediante el miedo. Miedo a la represión. Miedo a los castigos físicos y morales. Miedo a ser expulsado de la universidad o del centro de trabajo. Miedo a ser despojado de la vivienda. Miedo a la cárcel. Miedo a los aterrorizantes Pogromos. Miedo a las golpizas. Miedo a los paredones de fusilamiento. Sólo que el miedo, como todo refuerzo negativo, afirmación en la que no se equivocan los psicólogos conductistas, es un estímulo precario que genera reacciones contraproducentes. Entre ellas, tal vez las más graves son el fingimiento, la simulación y la ocultación. Mentir es la especialidad de las sociedades regidas por el comunismo. Miente el Partido cuando defiende planteamientos que sabe falsos o inalcanzables. Mienten los funcionarios cuando informan sobre los resultados de la gestión a ellos encomendada, generalmente mal ejecutada por falta de medios. Mienten los jerarcas cuando presentan resultados deliberadamente distorsionados. Mienten los militantes o los indiferentes cuando deben opinar sobre los logros supuestamente obtenidos, pero, lo que es aún más grave, todos, tirios y troyanos, enseñan a sus hijos a mentir porque en el sistema comunista, al revés de lo que asegura la Biblia, la verdad no nos hace libres, sino nos lleva directamente a la cárcel. Sólo que esa atmósfera de falsedades, que en Cuba llaman de “doble moral”, o de “moral de la yagruma”, una hoja que tiene dos caras de distintos colores?, se transforma en una fuente del cinismo más descarnado y destructor, terrible medio para la creación de riquezas, como revela una frase que se oía en todas las sociedades regidas por el comunismo: “ellos (el Estado) simulan pagarnos; nosotros, a cambio, simulamos trabajar”.

9. La desaparición de la tensión competitiva
De forma tal vez previsible, un modelo de organización como el comunismo, que introduce en la sociedad unas artificiales tensiones psicológicas basadas en el miedo y en la permanente incoherencia entre lo que se cree, lo que se dice y lo que se hace, simultáneamente destruye una tensión natural que contribuye a la mejora de la especie: la urgencia por competir. En efecto, los seres humanos tienden a competir en prácticamente todos los ámbitos de la convivencia. Desde el simple intercambio de criterios entre varias personas, muy estudiado por la dinámica de grupos, en donde inconscientemente todos procuran establecer y colocarse dentro de una cierta jerarquía, hasta las competiciones deportivas, en las que resulta obvia la búsqueda del triunfo, las mujeres y los hombres luchan por destacarse y escalar posiciones de avanzada. Desgraciadamente, dentro del sistema comunista, donde las únicas instituciones que existen son las diseñadas artificialmente por el Partido, y donde las iniciativas que se permiten son sólo las que emanan de la cúpula dirigente, los individuos creativos son casi siempre marginados y no encuentran campo para desarrollar sus sueños y proyectos. Los “héroes” y “capitanes de industria”, como les llamaba Thomas Carlyle, impelidos por la naturaleza para llevar a cabo impetuosas hazañas sociales, están prohibidos, son perseguidos o se les extirpa cruelmente de la vida pública si consiguen hacerse peligrosamente visibles. Es muy probable que en países como la URSS o Checoslovaquia, donde había un alto nivel educativo, existieran personas como William Shockley, uno de los creadores del transistor, o jóvenes inquietos como Steve Jobs, padre del computador personal Apple, pero ¿cómo las buenas ideas se transforman en acciones concretas en sistemas sociales cerrados, guiados por dogmas infalibles y administrados por burocracias políticas, ciegas y sordas ante cualquier iniciativa novedosa?
El éxito aplastante de sociedades como la norteamericana, comparadas con las comunistas, se debe, en gran medida, a las inmensas posibilidades de actuación que tienen los individuos creativos donde existen libertades individuales e instituciones que favorecen el talento excepcional. Es muy notable que un genio como Thomas Alva Edison haya patentado más de mil inventos, y entre ellos la bombilla de luz eléctrica, o que un estudiante llamado Bill Gates haya creado un software ingenioso para ser utilizado como sistema operativo en las computadoras, pero tan admirable como la obra de estas personas, es que vivían en sociedades que potenciaban el paso vertiginoso de la idea al artefacto y del artefacto a la empresa. Edison no sólo inventó la bombilla: además creó la empresa para distribuir la electricidad y cobrar por el servicio. Gates no sólo perfeccionó el lenguaje Basic y le dio un destino concreto como pieza clave de las computadoras personales, sino en un humilde garaje y ayudado por cuatro amigos creó una empresa, Microsoft, que en veinte años estaría entre las mayores del planeta. De ambos haber nacido en el mundo comunista, lo probable es que la creatividad y la energía que los impulsaba a trabajar, competir y triunfar se hubieran disuelto lentamente bajo el peso letal de un sistema concebido para destruir casi cualquier iniciativa espontáneamente surgida en su seno.

10. La necesidad de libertad
A esta represión del espíritu de competencia hay que agregar la fatal supresión de las libertades implícita en toda forma de organización social montada sobre la existencia de dogmas inapelables, como sucede con la escolástica marxista. ¿Por qué recurrir a la expresión “escolástica marxista”? Porque en el marxismo, como en el método escolástico medieval, las verdades ya son conocidas y aparecen consignadas en los libros sagrados de la secta escritos por las autoridades. En el marxismo lo único que les es dable a las personas, especialmente si ocupan puestos destacados, es confirmar la sagacidad de las autoridades con ridículos ditirambos como “Gran timonel”, “Máximo líder”, “Querido líder”, “Padre de la patria”, muestras todas de las formas más degradadas de culto a la personalidad. Pero sucede que la libertad para informarse, examinar la realidad y proponer cursos de acción no es un lujo espiritual prescindible, sino una de las causas de la prosperidad en las sociedades modernas. Si hay una definición bastante exacta del hombre es la de “ser que se informa constantemente”. No es una casualidad que el saludo más extendido en la especie humana es “¿qué hay de nuevo?”. ¿Por qué? Porque el rasgo característico de la especie es la permanente transformación del medio en el que vive, y eso significa un cambio constante en los peligros que acechan y en las oportunidades que surgen. Tenían razón, pues, Yakovlev y Gorbachov cuando pensaban que la libertad para intercambiar información sin miedo ?la glasnost? era el camino para aliviar los enormes problemas de la URSS, pero se equivocaron al creer que el sistema comunista era reformable. No lo era, como finalmente me admitió Yakovlev, porque contrariaba la naturaleza humana. Eso lo condenaba al fracaso…[1]
La Factoria Historica

Tomado de: https://factoriahistorica.wordpress.com/2014/06/08/fracaso-del-comunismo/


miércoles, 2 de agosto de 2017

La crisis de masculinidad y los “nuevos hombres”


Por Coral Herrera Gómez
Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual
Algunos historiadores norteamericanos fechan la aparición de la crisis masculina en Estados Unidos a finales del siglo XIX, cuando las mujeres se incorporaron al mercado laboral y comenzaron a luchar por sus derechos. Pero es en el siglo XX, en la década de los 80, cuando florecen los artículos e investigaciones sobre la crisis de la masculinidad en España, en Francia, en EEUU y Latinoamérica, especialmente en Argentina.
En los 90 los medios de comunicación masivos comienzan a hablar del tema: el 28 de Septiembre  The Economist daba la señal de alarma con su apertura de portada:  “The trouble with men”.  Desde entonces hasta hoy, no sólo se han multiplicado los estudios sobre masculinidades;  también se ha desarrollado todo un movimiento social y político que está sacudiendo los cimientos del patriarcado en muchos países. Son los hombres igualitarios, que están reflexionando sobre esta crisis masculina y se han sumado a la lucha por la igualdad, desde el trabajo de calle, y desde la academia.
Una de las causas de esta crisis es que los hombres posmodernos han perdido sus modelos de referencia, según R. Conell (Australia). No les sirven los modelos tradicionales, como el de sus abuelos o padres, porque ellos fueron educados en la cultura patriarcal y por tanto vivieron siendo dependientes de sus mujeres, autoritarios, con dificultad para establecer relaciones íntimas y para expresarse emocionalmente.
Muchos sufren una gran carga de inseguridad sobre cuál es su papel, y tienen miedo a perder importancia o a sacrificar su virilidad. No saben relacionarse con hombres gays y odian a las mujeres feministas, y algunos emplean la violencia, tratando desesperadamente de ejercer su poder sobre su entorno, especialmente sobre las mujeres cercanas. En todo el planeta, los hombres se suicidan más que las mujeres y mueren en actos de imprudencia porque tienen menos herramientas para gestionar sus emociones. No saben cómo hacer frente al miedo, al odio, a la desesperación, a la tristeza; por eso es frecuente que recurran a la violencia, contra sí mismos o contra los demás.
Eduardo Bognino, psiquiatra y miembro de AHIGE y PPina, cree que la presión social sobre los “machos” ha sido devastadora para la salud mental y emocional de muchos millones de hombres. Esto es debido a que la masculinidad tradicional está sometida a constantes pruebas; un hombre ha de estar demostrando continuamente que no es una mujer, que no es un niño, que no es homosexual. Tiene que demostrar que es valiente, agresivo, activo, aunque tenga que poner su vida y la de otros en peligro. Los hombres, para demostrar su virilidad, tienen que ser exitosos en su trabajo; promiscuos, fértiles y potentes en el ámbito de la sexualidad. Crecen y construyen su identidad rechazando todo lo que tenga que ver con la feminidad;  las mujeres son siempre “lo otro”, aquello que uno no es.
En las películas, los videojuegos, los cómics, las series de televisión, se aprecia  una falta de diversidad  en los modelos masculinos; unos son machos alfa en acción, otros donjuanes, y  otros son unos “calzonazos” que no saben dominar a sus mujeres. Gracias a la mitificación de la violencia viril de nuestra cultura, la mayor parte de los hombres quieren ser vencedores, héroes o conquistadores de mujeres. La cantidad de mujeres que pueden seducir es la prueba de su hombría, de ahí que se les eduque para ser promiscuos, y para relacionarse con las mujeres únicamente  desde la necesidad. Por eso el papel de las mujeres ha sido siempre el de satisfacer sus demandas sexuales, y además ejercer de criadas para cubrir sus necesidades afectivas y materiales.
Con la revolución feminista, muchas mujeres dejaron de configurar su vida en torno a la necesidad de ser poseída por un hombre, y se rebelaron contra la doble moral sexual que les obliga a ser fieles y que en cambio premia la promiscuidad masculina. Las mujeres posmodernas reclaman a sus compañeros  mayor implicación sentimental y más comunicación, reparto igualitario de las tareas domésticas, relaciones plenas que no se basen en la evitación o la huida. Las mujeres de hoy ya no quieren cumplir el papel de “freno de mano” del hombre, y muchas se rebelan contra el rol de madre que han de cumplir para que sus maridos se comporten como personas adultas.
A algunos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su familia o su pareja porque los entornos “masculinos” (trabajo, deportes, negocios, política) son jerárquicos y competitivos, y  porque con respecto a las mujeres siempre se han situado o bien en un plano superior, o en un plano de dependencia emocional. Además, han sido educados para reprimir sus emociones, y esta falta de expresividad les está pasando factura. Les cuesta abrirse y compartirse, comunicar, mostrar cariño en público a otros hombres, mostrar miedo o debilidad. Porque fueron educados para ser machos heterosexuales, duros, promiscuos, fuertes, inquebrantables; se les mutiló para que no se dejen llevar por la sensibilidad o los sentimientos bajo el lema “los hombres no lloran”.
Por todo esto a los varones les cuesta relacionarse en un plano de igualdad, y por esto las parejas también están en crisis. El modelo de relación basado en la dominación y la sumisión ya no funciona ahora que las mujeres pueden trabajar y no necesitan marido para sobrevivir. La liberación de las mujeres ha logrado que no nos relacionemos ya desde la necesidad de tener un proveedor, sino desde la libertad para compartir la vida con quien una desee.
Mientras las mujeres han ido empoderándose, los hombres sienten que han perdido su función como papel de proveedor principal, cabeza de familia, rey de su casa y amo de sus propiedades, su mujer, sus hijos e hijas. Ya no son necesarios ni para la defensa, ni para el mantenimiento del hogar, ni para la reproducción, como lo demuestra el aumento de familias monoparentales encabezadas por mujeres autónomas, y como lo demuestra el creciente uso de las técnicas de reproducción asistida.
La autoridad del pater familias ya no es sagrada. Ahora todo es negociable y las familias son democráticas: en casa se hablan las cosas y se llega a acuerdos, se reparten tareas, se apoya a quien lo necesita. Las mujeres se las arreglan solas ante los “maridos ausentes” (cada vez existen más jefas de hogares monoparentales en todo el mundo).  Los “padres ausentes” van perdiendo todo su poder porque no están, porque no son, porque son incapaces de comunicarse ni de vincularse emocionalmente con sus hijos/as. Ahora el respeto y el cariño hay que ganárselo, y muchos no saben por dónde empezar.
Y es que a muchos hombres les cuesta comprometerse. Con las mujeres, con los hijos, con las responsabilidades de la vida. Su constante deseo de escapar (de sí mismo, de sus sentimientos, de sus compromisos, de sus problemas, de su paternidad) revela, según algunos expertos en los estudios de las masculinidades,  la inmadurez de algunos para hacer frente a la vida.
Enrique Gil Calvo, sociólogo español, habla con naturalidad, en un proceso de autocrítica, del egoísmo de género, según el cual los varones sumidos en la tradición machista  siguen siendo pequeños tiranos acostumbrados a que sus necesidades y deseos sean atendidas de inmediato. Son muchos los que desean poder disfrutar de la impunidad de la infancia, por eso les gusta sentirse controlados, vigilados y regañados por sus compañeras. La libertad se les antoja insoportable, porque no saben qué hacer con ella. Por eso prefieren pasar de la madre a la esposa sin asumir su adultez, y pretenden que ambas cumplan su papel maternal hasta el fin de sus días.
Los “nuevos” varones, en cambio, apoyan el empoderamiento de sus amigas, de sus amantes, de sus compañeras, de sus madres y hermanas. Educan a sus hijas para que estudien y se desarrollen profesionalmente, para que sean autónomas y se emparejen con quien deseen, sin las presiones sociales de antaño. Felicitan a las mujeres de su entorno el 8 de Marzo, se manifiestan junto a ellas para reivindicar la igualdad; pero aún son muchos los que se sienten culpables porque no son capaces de ceder sus privilegios de clase.
Son los que “ayudan” en las tareas domésticas sin asumirlas como propias. Son los que cortan el césped del jardín pero jamás limpian la mierda de los retretes.  Son aquellos que evaden sus obligaciones poniendo como excusa la ignorancia o la torpeza masculina en asuntos domésticos, como si encargarse de ellos fuese una habilidad exclusivamente femenina que estuviese en la naturaleza de las mujeres desde el principio de los tiempos.
El “nuevo hombre” se enfrenta a una libertad desconocida para configurar su identidad, y eso le angustia, porque ha de inventarse nuevos modos de ser y de relacionarse y no sabe muy bien por dónde tirar. Algunas mujeres se quejan de la indecisión masculina, de la inseguridad que les paraliza, de su falta de madurez. El  varón posmoderno no sabe si las mujeres desean machos posesivos o compañeros de viaje,  y sufre por las contradicciones internas entre el discurso y la práctica, entre el deseo de igualdad y las estructuras machistas que habitan en todos los hombres y mujeres educadas en la tradición patriarcal.
Algunos aceptan el desafío y están explorando caminos desconocidos, rompiendo las barreras que les limitan, liberándose de la opresión que sufren desde que están en la cuna. Estos aventureros están re-pensando la masculinidad hegemónica y la diversidad de las masculinidades, están haciendo autocrítica, están planteándose nuevos retos, y se atreven por fin a construir su propia identidad al margen del machismo y la homofobia de nuestra cultura patriarcal. No es fácil porque todos llevamos incorporados estos esquemas, estos roles, estos estereotipos que nos dicen como es un “verdadero” hombre o como es una “verdadera” mujer. Pero basta con darse cuenta de que hoy la identidad no es un producto acabado, sólido, estable, sino que es más bien un proceso en el que todo cambia.
Muchos se unen para organizarse y forman  grupos de Hombres Igualitarios. Trabajan en varias áreas: activismo, talleres, encuentros, intercambios, terapias grupales e individuales, charlas, capacitaciones, investigación. En estos grupos se juntan varones de todas las edades y clases sociales, de diferentes religiones e ideologías, con un objetivo común: hablar. Hablar de sí mismos, analizar la educación que han recibido, cómo se sienten ahora, y qué pueden aportar ellos a la lucha por la igualdad y los derechos humanos.
Estos grupos de Hombres escriben en webs y blogs, publican libros, comparten información, crean redes de grupos masculinos, se reúnen en congresos internacionales, lanzan campañas a favor de la paternidad, salen a la calle a protestar contra la violencia hacia las mujeres o contra la explotación de esclavas sexuales. Trabajan con hombres maltratadores, realizan talleres de prevención con adolescentes, deconstruyen la masculinidad tradicional opresora, y reivindican otras masculinidades diferentes, otras formas posibles de ser y estar en el mundo.
Los hombres igualitarios desean mejorar sus relaciones con los amigos, sus relaciones sexuales y sentimentales, sus vínculos familiares. Reivindican su derecho a ejercer y disfrutar de la paternidad. Están revolucionando sus relaciones en la cama, en el trabajo, en la familia, y comienzan a sentir que tienen nuevos roles, nuevas metas, nuevas inquietudes. Estos nuevos varones están marcando el camino hacia una cultura más pacífica y amable, de relaciones más igualitarias y afectos más diversos.
El gran reto ahora, creo, es la lucha por la conciliación laboral y familiar. Los hombres quieren disfrutar de la crianza y la educación de los niños y las niñas, de modo que están pidiendo a los gobiernos y las empresas que permitan a los padres disfrutar de los mismos derechos y obligaciones que las madres.
Creo firmemente que es necesario que hombres y mujeres trabajemos unidos, porque lo que beneficia a unas, beneficia también a los demás, y porque tenemos el mismo sueño: una sociedad igualitaria en la que no se discrimine a la gente por sus diferencias, una sociedad sin jerarquías ni luchas de poder, una sociedad pacífica e inclusiva en la que tengamos toda la libertad para configurar nuestras identidades  al margen de las imposiciones sociales, y más allá de las etiquetas.

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